Resulta difícil ponerse a escribir la crónica de un desfile que pone punto y final a nada menos que cuarenta y cinco años de aplausos. Y sobre todo, resulta increíblemente complicado contemplar el último trabajo de Valentino Garavani sin sucumbir a un irremediable sentimiento de nostalgia. Sin embargo, si el maestro ha conseguido no caer en el melodrama, tampoco seremos nosotros los que lo hagamos.