El diseñador malagueño ha salvado del hastío a todos aquellos que veían en Cibeles un páramo creativo más o menos árido por la ausencia forzada de José Castro. Y no es que Davidelfin tenga que venir a salvar a nada ni a nadie, él por sí sólo –más su troupe, su inconfundible sello y su puesta en escena- ya es razón suficiente para pensar que no todo está perdido.