Si algo tiene claro Carlos Díez son dos cosas: una, que no está dispuesto a dejar de ser el más gamberro de Cibeles Madrid Fashion Week, y dos, que el truco efectista de poner parte del atrezzo en la cabeza de las modelos es un recurso que le fascina.
En esta ocasión vuelve a ser la cultura urbana el objeto de su asalto estético y los pasamontañas el objeto para ocultar el rostro de las modelos. La suma es fácil: tocaba homenajear –de forma muy sui generis, por supuesto- a las bandas de matones y/o ladrones.
Desde luego lo que no pueden negar los modelos que participan en sus desfiles es que se lo pasan en grande. Imaginen después de tantos desfiles poder salir a la pasarela con actitud chulesca y lanzando miradas intimidatorias. Sin ser reconocido además.
Pero hablemos de la propuesta, que al fin y cabo es lo que importa (¿o no?). Las mayas de punto de pata de gallo se transforman en cuadros de vichy en blanco y negro, estampado que se repite como si de un bucle sin fin se tratara en pantalones con el tiro a la altura de la rodilla, hasta llegar a la catarsis plateada salpicada de calaveras de los chaquetones acolchados y las parkas con que ha cerrado el show.
Los zapatos y los accesorios, gentileza de Converse, como viene siendo habitual.
Por Cecilia Casero