La semana de alta costura en París no deja espacio para salidas de pasarela superfluas. El público de couture espera lo mejor de lo mejor y no acepta desfiles correctos que dejen indiferente. Dada la teatralidad de las colecciones de Christian Dior y Lacroix, Giorgio Armani comienza a encontrarse en una verdadera disyuntiva: dedicar su propuesta Privé a un pedido hecho a medida para sus multimillonarias clientas o, por el contrario y al igual que sus compañeros, organizar un evento espectacular que cause impacto y un efecto palpable sobre la percepción actual del sello Armani.