En Nueva York existe una gran receptividad hacia las marcas de los diseñadores españoles
Su ímpetu refleja una pasión por la causa que defiende. Lucía se encuentra a la cabeza de la Asociación de Creadores de Moda Española (ACME), una organización que pretende otorgar un espacio en el panorama internacional al diseño de moda de nuestro país. Recién aterrizada de la New York Fashion Week, en la que este año la participación española ha alcanzado su mayor nivel, Lucía nos cuenta hacia dónde se dirige el made in Spain.
¿Qué balance haces de la presencia española en la New York Fashion Week?
Muy buena. Llevamos trabajado tres años para conseguir crear una estructura en Nueva York con una agencia de comunicación muy fuerte. Este año hemos aparecido en medios estadounidenses como WWD, Wall Street Journal y Style.com, constatando la gran receptividad e interés que existe hacia las marcas de los diseñadores españoles. Cada vez que hacemos acciones en el mercado americano nos damos cuenta de todo el trabajo que queda por realizar, y somos conscientes de que los diseñadores de moda interesados en este país tienen que contar con una estrategia comercial para los próximos dos años. Algo que no es fácil ya que, por un lado, significa adaptar su producto al mercado americano en cuanto a colores, tejidos, y por otro, reorientar su estrategia de precio. Como desconocidos en dicha ciudad, sus productos no pueden competir al mismo nivel que los de Óscar de la Renta o Carolina Herrera.
En cuanto al proyecto 4Eyes, ¿ha sido más una estrategia de imagen que comercial?
Por supuesto los diseñadores han ido dispuestos a vender, pero no se trataba de eso, sino de llevar una colección a Nueva York y contar con un agente allí que en los próximos meses la vendiera e hiciese un seguimiento.
¿En qué ha consistido el proyecto?
Ha sido un montaje en el que se ha visto un vídeo con la colección en movimiento, pero también se han expuesto diez looks de cada diseñador, por lo que los asistentes han podido conocer las prendas mucho más de cerca que en un desfile. Se han establecido citas con compradores -especialmente de los grandes almacenes- para que conocieran las colecciones.
¿Cuáles son las pretensiones que ACME tiene en el mercado americano?
Pretendemos crear una estructura en Nueva York y ofrecerla a los diseñadores. Ahora ya la tienen, y nuestra labor a partir de este momento es incentivar a cada una de las marcas para que lleguen al mercado estadounidense con su propia estrategia. Nosotros continuaremos apoyando con otras acciones. Por ejemplo, en noviembre presentaremos allí un libro sobre diseño español con texto de Óscar de la Renta. Pero nuestro mayor interés es ofrecer la estructura para que quienes cumplan los requisitos puedan acudir a esta pasarela, en la que indisolublemente el diseño tiene que ir unido a una estrategia comercial; si no, se pierden los efectos de todas las acciones.
¿Cuál ha sido el criterio de selección de los diseñadores para el proyecto 4Eyes?
No han sido elegidos por nadie. La asociación ha apoyado los proyectos viables que han presentado los diseñadores, y 4Eyes fue uno de los que estaban mejor desarrollados.
¿Y en el caso de Davidelfin, continuáis apoyándole económicamente para la realización del desfile en Nueva York?
Sí, pero nuestro apoyo no es determinante. Te puedo asegurar que él está invirtiendo mucho esfuerzo y dinero en esa ciudad. Al igual que lo está haciendo Ágatha Ruiz de la Prada, que ha seguido el camino de Custo Barcelona, pues lleva mucho tiempo trabajando en el mercado americano y todavía no ha decidido subirse a la pasarela.
¿Qué imagen existe en Nueva York de la moda Española?
Todavía no tienen una imagen configurada. De hecho, en nuestras primeras acciones no sabían cómo catalogarnos, ya que no existen criterios estéticos que unifiquen la moda española como por ejemplo ocurre con la belga, la italiana o la japonesa. Y ahora lo que hemos comprobado es que les interesa muchísimo y están gratamente sorprendidos. Ellos claramente lo ven como un producto europeo, lo que significa que perciben la calidad en la confección, e independientemente de los criterios estéticos de cada diseñador, lo asocian a creatividad.
¿Qué inversión habéis destinado a esta acción?
Directamente desde la asociación hemos invertido 70.000 euros. Nuestra labor ahora mismo es incentivar en el corto plazo a los diseñadores, para en noviembre saber quiénes están interesados y cumplen requisitos. A partir de entonces, y en función de los recursos de los que dispongamos para 2010, les ofreceremos nuestro apoyo. Por ahora están interesados Carmen March, Amaya Arzuaga, Andrés Sardá y Alma Aguilar, pero vamos a apoyar únicamente aquellos productos con desarrollo comercial.
Y volviendo a nuestro país, ¿piensan que Cibeles incrementará su matiz comercial?
La pasarela invita a medios de comunicación españoles e internacionales, pero no a compradores. Iniciamos esta labor en febrero, con los buyers de Puerta del Hierro de México, en la que colaboraron con nosotros Cibeles e ICEX. Pero es sin duda la gran asignatura pendiente de nuestra pasarela, que está orientada en su organización básicamente a la comunicación, y debe ser dirigida a la comercialización de las colecciones.
¿Piensas que Cibeles seguirá este camino?
Nosotros vamos a tratar de que así sea. Ahora tenemos a los compradores mexicanos, y si en febrero alcanzamos una relación firme con ellos, posiblemente nos dirijamos a otros buyers.
¿De dónde viene el problema de la comercialización del diseño español que vemos sobre la pasarela?
Hay un problema que arrastramos desde los 25 años que tiene Cibeles: la moda no nació unida a la industria. En Italia, por ejemplo, el diseño de moda nace como una necesidad de la industria. En Bélgica sucede lo mismo, el ministerio de industria decide incorporar un valor añadido (que es el diseño) a su producto. En España no fue así, por un lado estaba la industria y cuando nace el diseño incluso la industria lo ve como un rival de lo que ellos consideran que son sus marcas, no entienden que una marca de diseño incorpora un valor añadido a lo que ellos ya tienen, y esta idea permanece en la actualidad. Ahora, en un momento tan difícil para todos, los fabricantes están dispuestos a realizar pequeñas producciones, cosa que hasta ahora tampoco ocurría. Sin embargo, se plantea otro problema para ambos: la financiación. ¿Quién paga la producción, es el industrial el que tiene que arriesgar o es el diseñador? El Ministerio de Industria es quien debería unirlos, dando incentivos a la industria porque, a fin de cuentas, eso significaría la creación de puestos de trabajo.