La ocasión reunió a unas 300 firmas de alta y media gama del mercado femenino
Largas colas esperaban con impaciencia a que Tranoï Femme diese el pistoletazo de salida la mañana del 2 de octubre. Ante la aletargada creatividad de otros salones de moda, la ocasión prometía reflejar una originalidad minoritaria, en un evento que reunió a unas 300 firmas de alta y media gama del mercado femenino.
Pero a pesar de la multitud congregada en el salón, la tónica dominante fue la cautela. Sobre todo en los compradores americanos, que en esta edición limitaron su asistencia. De hecho, muchos de los compradores clave del país se ausentaron por una obvia limitación del presupuesto provocada por la caída del consumo.
Europa y Asia encabezaron la lista de asistencia, con presencia de buyers de grandes almacenes, boutiques especializadas y cadenas de moda. Aunque los pedidos no se registraron con la fluidez de ediciones de antaño, la atmósfera que dominaba los tres pabellones de Tranoï denotaba un optimismo incipiente. Muchos de los compradores no dudaron en hablar de esta cita como de un punto imprescindible del calendario de la moda.
Lo que está por llegar
El próximo verano, el calor relajará los códigos más sofisticados, extendiendo el casual al universo del lujo. Se toman siluetas básicas y muy confortables que se elaboran a partir de tejidos preciosos. Los jerséis de aspecto descuidado ven nacer un nuevo lujo que parte del cachemir y la seda, convirtiéndose en reyes del fondo de armario.
Referencias que rinden tributo al estilo más eighties del rey del pop, con prendas que definen su carácter mediante aplicaciones. Lentejuelas y metales en bodies superajustados y leggings serán las claves de la temporada.
La ropa de trabajo se mantiene como expresión de un estilo todoterreno que apuesta por el nude y los tonos neutros, que confieren coherencia a la sobriedad de la tendencia.