Para mí es también muy interesante dar a conocer y preservar la historia y la tradición detrás de un producto
Olivier Baussan es un auténtico hombre del Renacimiento. En 1976 fundó L’Occitane en Provence y, 20 años más tarde, la compañía de alimentación Oliviers & Co. El empresario está además involucrado en diversas acciones filantrópicas y prácticas sostenibles, incluido un proyecto de comercio justo para la obtención de manteca de cacao elaborada por un colectivo de mujeres de Burkina Faso.
En octubre acudió en representación de la Fundación L'Occitane al colegio Thomas C. Giordano, en el Bronx neoyorkino, para ofrecer a sus alumnos revisiones oftalmológicas, y concedió una entrevista a la publicación WWD.
¿Cómo definiría la belleza?
Para mí, la verdadera belleza está en el interior. Es la generosidad. La auténtica belleza consiste en saber prestar atención a los demás, especialmente a los menos afortunados.
¿Qué le mueve en la vida?
La relación que puedo establecer con las cosas que transmiten un sentido de la tradición, de savoir faire, de sabiduría universal. Me encantan las personas vinculadas con la tierra.
¿En qué se asemejan las industrias de la alimentación y de la belleza?
Son muy, muy similares. El cultivo de flores, olivas y manteca de cacao es el mismo, aunque su aplicación difiera. Para mí es también muy interesante dar a conocer y preservar la historia y la tradición que hay detrás de un producto.
¿Qué le han enseñado sus acciones benéficas?
El amor no es caridad. La idea es crecer juntos y ayudarse mutuamente. Puede sonar muy filosófico, pero se trata de elevar el concepto de humanidad, de trascender las individualidades.
¿Cuál es el secreto de su habilidad para llevar a cabo tantas actividades simultáneamente?
Mi pasión es intentar dejar una huella antes de desaparecer. Quiero participar en la construcción del mundo del mañana.
¿Cuál es su estación favorita y por qué?
Me encanta la primavera porque representa el renacer de la naturaleza. Las flores, las hojas, son manifestaciones de la vida.
¿Cuáles son sus poetas favoritos?
Adoro al americano Walt Whitman y al francés Stéphane Mallarmé. Los haikus del poeta japonés Basho, del siglo XVII, son extraordinarios. La poesía es un lenguaje universal, lo que resulta hermoso.
¿Y sus sabores predilectos?
Me gustan los sabores auténticamente naturales. Puede sonar esnob, pero adoro la trufa negra porque procede de la tierra. Para mí es el caviar más exquisito.
¿Qué le atrae de los olivares?
El fuerte vínculo de amistad entre todos los productores del Mediterráneo. Aunque confieso que prefiero los olivos de la Provenza, porque allí nací.
¿Y qué es lo que más le gusta de su tierra?
La simplicidad de su paisaje y la armonía entre los hombres y el entorno. Eso es para mí el art de vivre.
¿Qué legado le gustaría dejar?
Intento participar en este mundo no como un turista, sino como alguien involucrado activamente.
¿Cuál es su lema?
Creer, tener esperanza, confiar en los otros y ser fiel a mis utopías.
Jennifer Weil, WWD