Veinte años después de su creación, los envases airless seducen a las marcas. Los lanzamientos realizados por grandes grupos como L'Oréal o Procter & Gamble han contribuido significativamente a su auge aunque aún queda camino por recorrer.
La reglamentación REACH ha tenido mucho que ver con el desarrollo de este packaging, ya que entre sus principales atributos destaca la inviolabilidad, lo que contribuye a minizar significativamente los riesgos de contaminación. De hecho, al proteger la fórmula contra la oxidación permite utilizar entre dos y cinco veces menos conservantes.
También asegura un aprovechamiento óptimo del producto y es que, como máximo, sólo se pierde un 5% y en algunos casos permite apurar hasta un 98% de la fórmula.
Además, el airless ya no se limita a los frascos. Cada vez más tarros y, sobre todo tubos, lo incorporan. Su concepción ergonómica y nómada, los hace ideales para llevar en el neceser o en un bolso, lo que los ha convertido en un formato muy apreciado por las marcas.
Paralelamente, los fabricantes trabajan en la reducción del número de piezas que lo componen, en aligerar los materiales y en el reciclaje del conjunto. Su miniaturización, en tamaños de 2 y 5 ml también es otro reto.
Por el momento, el airless se utiliza sobre todo en tratamiento facial pero los solares y los geles de fijación se interesan cada vez por este tipo de embalaje.
El último freno para que se produzca un auténtico boom del airless es su coste, ya que resulta más elevado que el de las bombas clásicas. Pero D.E.F.I., el dosificador estéril desarrollado por Promens para Pierre Fabre, ha recibido numerosos galardones y anuncia nuevas declinaciones para 2011, demostrando que la innovación también se ve recompensada.